6 oct 2012

A horas de un nuevo país, planteo lo que anhelo.



Hablaré como venezolana. Porque… ¿cómo quitarle la razón a los que no están de acuerdo conmigo? Ni yo misma sé si mis pensamientos son de común acuerdo. Sólo sé que mis intenciones se alejan totalmente de ser malas, y que a la hora de plantear una idea, todos coincidimos en que queremos mejorar a nuestro país. Plantearé cada uno de mis pensamientos de una manera sencilla, tratando de evitar el ahondar en problemas económicos, políticos, sociales y de organización territorial, que ya de manera general se conocen.

Imaginaré Venezuela como aquella mano tricolor que tanto se plantea.

Comenzaría aprobando una igualdad social que no establezca parámetros, dónde además de derechos, sepamos asumir nuestros deberes. Dónde aprendamos a compartir y enseñemos a mejorar la calidad de vida de aquellos menos beneficiados, estimulando el desarrollo de las aspiraciones de todos los venezolanos. Sólo, si evitamos el ser conformes, lograremos realizarnos como ciudadanos, como seres humanos y como venezolanos que somos. En el país que queremos, debemos estar protegidos, debemos sentirnos seguros y debemos gozar de una salud pública de primera. El desempeño laboral es reconocido y recompensado, sea cual sea el trabajo que se realice.

Señalo todos los recursos que tiene Venezuela para ser una nación exitosa económicamente; somos turismo, somos belleza natural, somos agricultura, somos petróleo, somos mineral, somos puertos, somos clima tropical, somos energía alterna, somos comercio… somos la mejor parte del planeta para lograr una economía de alto rendimiento en manos de quien sepa explotarla. En el país que queremos, los venezolanos merecemos ser los primeros beneficiados de nuestra economía, y debemos aportar sacrificios, como lo es el pago justo de la gasolina, el trabajo arduo de los agricultores y el compromiso de producción para obtener una exportación y comercialización estable.

La democracia no puede ser objeto de burla, siendo una palabra muy amplia que abarca grandes compromisos de convivencia, libertad, política y justicia. En el país que queremos, los venezolanos merecemos ser escuchados y tomados en cuenta para forjar nuestro futuro y ser libres de expresar nuestras ideas y desacuerdos, sin ser obligados a una toma de decisiones que no corresponde con nuestra naturaleza social y cultural.

Venezuela está aliada con Dios. Tenemos un compromiso, como seres humanos, de procurar el bien a nuestro prójimo. El venezolano es de corazón cálido, emocionalmente susceptible y fácil de manipular. En el país que queremos, se sabe diferenciar lo que está mal de lo que está bien, creando una conciencia moral que defina patrones de convivencia y respeto. Cualquier acción que afecte o perjudique la integridad moral de la persona, será considerada un antivalor.  La familia debe ser modelo y semillero de valores positivos que permitan el desarrollo de un venezolano noble, honesto y ejemplar.

La educación del venezolano debe asegurar un futuro prometedor. Merecemos las mejores escuelas a la disposición de todos los niños, niñas y jóvenes, permitiendo obtener una educación digna, donde los sueños y la inocencia infantil prevalezcan sobre cualquier ideología. En el país que queremos, los maestros son profesionales de calidad cuyo trabajo es bien reconocido; las instalaciones de las escuelas son espacios adecuados y estimulantes; todos los niños del país tienen un espacio y una posibilidad para instruirse. La educación termina siendo una obligación, necesidad y derecho que posee cada uno de los venezolanos.

El país que queremos no es fácil, requiere de trabajo y sacrificio. Sólo hace falta pensarlo. Pensemos un socialismo que no iguala clases, sino conceptos. Pensemos en que, al oponernos, sabremos cuándo bajar la cabeza y, que aquellos que tienen el poder, reconozcan cuando las cosas van mal. También pensemos en promesas cumplidas y compromisos pendientes. Pensemos en la igualdad de clases con futuro y progreso, donde todos tengamos aspiraciones y donde aquellos que tienen sean una inspiración. Pensemos en relaciones internacionales que benefician nuestra economía, y no en la dependencia de vínculos que comprometan nuestra estabilidad como nación productiva. Pensemos ésa Venezuela. Diseñémosla. Y luego fundémosla.

Creemos un país piloto. Y entonces, y sólo entonces, podremos ver para atrás y pensar que lo hemos logrado. De esa manera se podrá llegar a aquel país anhelado, en el que ya no hay desigualdad política, no hay conflictos entre civiles, tampoco entre Fuerzas Armadas, no existen problemas económicos importantes, ni violencia, ni falta de educación. Y quizás llegaremos a ser considerados un país “desarrollado”, un modelo, y hasta una potencia.
Suena surrealista, algunos dirán que hasta imposible. Pero no lo es, y lo digo como joven venezolana, perteneciente al grupo que desea cambiar el futuro del país y que no tiene intenciones de retroceder.

Somos un país hermoso. Todos formamos parte de él, y cada uno tiene un papel importante y es responsable de defender la moral y los valores que nos caracterizan como venezolanos, con un lenguaje de paz y humildad en nuestros corazones. 

Porque mi idea ya está formada. Espero poder esparcirla, y luego implantarla. Y así seremos la “Nueva Venezuela” que tanto aspiramos, ése país que queremos, nuestro país.